QUEREMOS VER PRESA A TODA LA BANDA DE QUINTERO CALLE


Por Jaime Restrepo Vásquez

Los Alpujarros. Ese fue el nombre con el que bauticé —hace más de cuatro años— a la banda criminal que ejecutó la toma hostil de la ciudad y protagonizó un enorme y obsceno saqueo contra Medellín.
 
La bacrim, liderada por Daniel Quintero Calle, ya tiene a 59 integrantes imputados, dos ya están tras las rejas, uno ya fue condenado, seis pidieron cacao y están cantando como canarios para honrar los principios de oportunidad o los preacuerdos y, hasta la fecha, las autoridades han sometido 29 bienes de esa banda a extinción de dominio.
 
Además, la Contraloría ha vinculado a casi un centenar de exfuncionarios de Quintero Calle a 80 procesos fiscales, mientras que la Procuraduría avanza en 19 indagaciones y cinco miembros de la banda ya fueron llamados a juicio disciplinario.
 
Los anteriores hechos permiten dimensionar la magnitud del asalto del que fue víctima la ciudad por parte de un grupo de corruptos hambrientos, obscenamente codiciosos que pretendían ser los nuevos ricos del barrio, una versión moderna de los traquetos y gatilleros «embilletados» de Pablo Escobar.
 
El daño a Medellín fue tan grande, que las apuestas más optimistas aseguraban que se necesitarían varios lustros de sacrificios para sanear las finanzas, la infraestructura y el deterioro social que padeció la ciudad durante el desastre de Quintero en la Alcaldía.
 
Todo lo expuesto hasta aquí, explica el afán de Daniel Quintero Calle y de sus cómplices de alentar y patrocinar la continuidad de Petro en el poder, pues la protección del mandamás, unida a la desidia criminal de la fiscal Camargo —cómplice por omisión de Quintero y del depravado del M-19— eran fundamentales para garantizarles no solo impunidad sino el disfrute del botín que sustrajeron.
 
No voy a ser políticamente correcto: Quintero Calle y su banda de cuatreros se robaron a Medellín y la mayoría de ciudadanos anhelamos ver a toda esa partida de corruptos tras las rejas, pagando el enorme daño que hicieron.
 
El ver a Miguel Quintero Calle con grilletes en los pies y en las manos, fue la primera cuota de reivindicación para la ciudad, pues el hermano del capo tuvo mucho que ver en el planeamiento del atraco a las finanzas públicas de Medellín. ¡Sí, se sintió un fresquito al ver a Quintero Calle encadenado durante su trasladado a Cómbita!
 
Es que el cabecilla de esa banda criminal, Daniel Quintero, fue de un cinismo extremo, desafió a los ciudadanos desde la terraza de la Alcaldía, se burló de quienes pedían su salida e intentó matonear y amedrentar a quienes lideraron el proceso de revocatoria. Colombia nunca había visto una banda criminal de cuello gris tan tenebrosa y deplorable como la de Los Alpujarros.
 
Confieso que anhelo verlos tras las rejas, todos vistiendo la pijama naranja y encadenados de pies y manos. Es más: quiero saber que están recibiendo una mínima dosis del padecimiento al que sometieron a miles de ciudadanos a quienes despojaron de alimentación, cuidados, seguridad y tranquilidad.
 
Las dimensiones del atraco todavía no se han cuantificado plenamente: ¿Cuántos habitantes de calle quedaron sin protección alguna? ¿Cuántas personas murieron por el descuido y el robo descarado de las partidas para seguridad? ¿Cuántos murieron mientras traficaban con contratos y coimas en el sistema público de salud de la ciudad?
 
Es que no solo fue el asalto al erario, o la venta de entidades, sino también las prácticas criminales como las violaciones por las que fue denunciado Daniel Quintero Calle, o el apartamento de lujo —arrendado con dineros públicos— en el que las orgías de Los Alpujarros eran frecuentes.
 
Pero cuidado, porque lo que padeció Medellín fue el laboratorio a escala de lo que ejecutó Gustavo Petro a nivel nacional. Si hoy nos parece de mínima justicia que Juan David Duque, Fredy Esteban Restrepo y Juan Pablo Ramírez, entre otros, deban estar en Cómbita compartiendo celda con Miguel Quintero Calle, a nivel nacional ya tenemos claros los nombres de los cómplices del atraco perpetrado por el del M-19 en toda Colombia.
 
¡No vamos a olvidar! Queremos verlos presos, humillados y condenados, no por venganza ni odio, sino porque la justicia debe repartir las culpas entre los miembros de esa tenebrosa banda criminal que se robó, durante cuatro años, los recursos y la dignidad de los medellinenses… Además, sería lo justo, porque, quedó demostrado, Medellín SÍ NOS PERTENECE.

Comentarios