Por Jaime Restrepo Vásquez
La renuncia de María Fernanda Cabal al Centro Democrático
se daba por descontada. Era imposible que ella, con un liderazgo armado a pulso
en las calles y con posturas fundamentadas en el ideario de derecha, siguiera recibiendo
los desplantes de los que fue víctima en el partido de Uribe.
Esto significa que esa base «cabalista» entiende las
razones de la exsenadora para salirse del partido en el que militó durante
años. Hasta ahí, todo está claro.
Pero la decisión de ingresar al Partido Republicano si
genera más dudas que certezas. En un país que padece la amenaza constante del
socialismo —ese que combina la política con las armas—, resucitar un partido
que casi nadie conoce en lugar de entrar de lleno a Defensores de la Patria,
deja serias inquietudes sobre el propósito de Cabal.
De hecho, el Partido Republicano surgió de la Liga de
Gobernantes Anticorrupción, fundado por Rodolfo Hernández en octubre de 2015 y
legalizado como partido el 4 de agosto de 2022.
Así las cosas, la decisión de Cabal implica que asume,
desde el principio, una carga tormentosa, pues Hernández fue condenado por interés
indebido en la celebración de contratos y además fue sancionado por la
Procuraduría por participación indebida en política.
Esas no son cartas de presentación para una aspiración
presidencial legítima como la de la exsenadora, e implica que tendrá que remar,
desde el principio, contra la corriente. A primera vista, no parece una
decisión prudente, pues los hechos demostrarían que el antiguo partido
anticorrupción en realidad era un nombre sin sustento y nada más.
La pregunta fundamental: ¿por qué María Fernanda Cabal
decidió montar rancho aparte y no se unió a Defensores de la Patria o a Salvación
Nacional? Algunos han especulado sobre un distanciamiento entre De la Espriella
y la exsenadora, por un rumor según el cual, ella hizo algunos comentarios
incómodos en la residencia del embajador de los Estados Unidos en Colombia.
Esa especulación parece insuficiente, porque ella ha
demostrado ser medida en sus dichos contra sus amigos, aunque absolutamente
ruda a la hora de hablar de quienes considera sus adversarios. La prueba: hasta
la fecha, sus pronunciamientos sobre Uribe han sido respetuosos y con un leve
toque de gratitud, cuando fue el expresidente quien dinamitó su aspiración
presidencial en este 2026.
Mi hipótesis es que María Fernanda Cabal quiere ser
candidata presidencial en 2030 y el proyecto de Abelardo de la Espriella ya cuenta
con una agenda de relevos para la Presidencia, por lo menos hasta 2042.
En la lista aparece, en primer lugar, José Manuel
Restrepo, quien se ha convertido en una figura con reconocimiento y simpatía
por parte de la ciudadanía. Otro nombre a considerar es el de Mauricio Gaona,
hombre respetable y de gran valor moral e intelectual. De igual forma, Enrique
Gómez siempre ha soñado con desagraviar desde la Presidencia a Álvaro Gómez
Hurtado y no podemos olvidar a Federico Gutiérrez ni a JP Hernández, quienes
quieren aparecer en un tarjetón presidencial lo más pronto posible.
Todos ellos son cercanos a De la Espriella, la mayoría
apostó desde el principio por la candidatura del Tigre y de seguro piensan que
tienen una especie de derecho adquirido en esa lista de sucesión presidencial. Así las cosas, la disyuntiva que enfrentó Cabal fue
compleja: ingresar a otro partido altamente caudillista como el de De la
Espriella, entrar en una «lista de espera» en la que de seguro tendría que
enfrentar golpes, zancadillas y empujones como los que recibió en el CD o
manejar la carga que trae consigo el Partido Republicano.
Más allá de la división del voto, María Fernanda Cabal le
apuesta a convertirse en la continuidad del proyecto político de De la
Espriella, pues tiene su sello ideológico. Aunque, hay que advertirlo,
conservará una distancia prudente para capitalizar los errores que cometerá el
actual presidente.
Ella ya lo ha dicho: De la Espriella tuvo la posibilidad
de conquistar a los ciudadanos con propuestas e ideas que ella ha
defendido durante largo tiempo y que el propio Uribe decidió sepultar porque le
parecían radicales e inconvenientes… Esa es la factura que ella aspira a cobrar
en cuatro años.
Lo que Cabal se dice a sí misma es: ¿Si Abelardo pudo,
por qué yo no? Esa es una pregunta válida, pero no suficiente, porque en 2030 no
será la izquierda la que someta al juicio de los ciudadanos la gestión de
gobierno y el ojo escrutador estará en los aciertos, pero sobre todo en los
errores que cometa De la Espriella en la Presidencia.
El panorama político en 2030 dependerá totalmente de la administración
de Abelardo de la Espriella, porque si le va bien, de seguro saldrá su sucesor
de las filas de Defensores de la Patria, pero si le va mal, o no colma las
expectativas ciudadanas, la izquierda querrá regresar al poder y aplicarnos la
receta nicaragüense de una vez por todas.
En cualquiera de los dos escenarios, Cabal pierde, porque
si Defensores tiene a Restrepo como candidato, difícilmente un movimiento de
derecha le disputará la Presidencia y en la otra posibilidad —que a De la
Espriella le vaya mal—, la izquierda triturará al representante del abelardismo
y a cualquiera que coincida con las ideas de derecha. Creo, con toda
sinceridad, que debió pensarlo mejor.

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