ESTOY MAMADO DE LOS ZURDOS EN EL CONGRESO

 


Por Jaime Restrepo Vásquez

No sé usted, pero yo estoy cansado, aburrido, fastidiado o mamado, como lo quiera decir, del tugurio en el que los miembros del Pacto Histórico han convertido el Congreso de la República.

Aunque las exhibiciones que hacen en el Capitolio Nacional parecieran hasta caricaturescas, la realidad es que están llevando al legislativo a una postración intelectual y argumental sin precedentes en la historia republicana de Colombia.
 
Gritos, calumnias, ruido ensordecedor y simulacros fallidos de debate son las únicas características de lo que han expuesto los representantes y senadores de la colectividad de izquierda.
 
Es apenas lógico: gente que solo sabe gemir en una película porno, o que explota a sus trabajadores en una verdulería de barrio, o que tiene como palmarés el haber sido capturado durante la toma terrorista urbana de 2021, no tiene nada que aportar. Aunque eso sí, son diestros en la villanía de torpedear.
 
Ante la incapacidad de la izquierda para plantear debates serios, con argumentos y reflexiones que surjan del conocimiento y de la experiencia, recurren al expediente del sabotaje permanente para tratar de ocultar, sin éxito, sus deficiencias intelectuales y cognitivas.
 
¿Acaso alguien los eligió para que hicieran el ridículo perenne en el Congreso de la República? Por más torpes e ignorantes que sean los votantes, de seguro creyeron que las «lumbreras» que instalaron en el legislativo harían lo posible por mejorar algún aspecto de la vida de los colombianos y eso no se logra, para desgracia de los zurdos, ni con histerias, ni bulla, ni mucho menos con vulgaridad.
 
Pero eso de elegir a la ocasional del hijo del ex del M-19, o a la pornoactriz que conectó su clítoris con la billetera, o a la investigada por sus relaciones con el bajo mundo delincuencial en Medellín, o a la vociferante golpista de voz insoportable, o al despreciable sujeto cuyo único mérito en el Congreso ha sido acudir en bermudas y flotador a una plenaria, no podía tener un resultado distinto al patético espectáculo que ofrecen día a día.
 
Es que no se esfuerzan por pensar ni por estudiar: ellos creen que con gritos, patanería y vulgaridad están desquitando el fabuloso sueldo que les pagamos. Además, esos zurdos son magos, pues los casi 100 millones mensuales que les damos para que contraten a su unidad de trabajo legislativo, desaparecen a la vista de todos los colombianos.
 
¡Qué desperdicio de recursos y de tiempo el que están protagonizando los zoquetes del Pacto Histórico en el Congreso! Las comparaciones son necesarias: cómo olvidar los debates que daba Jorge Enrique Robledo, que así se estuviera en contra de sus posturas, hacía pensar, analizar y estudiar para tener herramientas y poder refutarlo.
 
Es tiempo pasado, porque en el presente solo se requiere de un par de tapones para los oídos y mucha paciencia para soportar las inclemencias a las que el Pacto Histórico en pleno somete a sus compañeros del Congreso.
 
Han pasado casi tres meses desde la posesión del nuevo legislativo y el balance de la izquierda es una burla continua para sus electores, no porque quieran ser el hazmerreír del Capitolio, sino porque carecen de las capacidades necesarias para enfrentar los debates que plantean los congresistas oficialistas.
 
Francamente, siento compasión por personas como María Clara Posada, Enrique Gómez, Sara Castellanos, Carol Borda, Hernán Cadavid y Daniel Briceño, quienes tienen que soportar, día a día, los exabruptos de gentuza como Omaña, Zuleta, Carrascal, Muriel, Arias y Racero, entre otros.
 
Así las cosas, resulta evidente que eso de debatir o de argumentar no se les da —y lo saben—: por eso recurren al expediente de los gritos, los insultos y las canalladas para elaborar sus videos de TikTok y así lograr que sus estúpidos votantes crean, en un acto de fe extrema y de ignorancia descomunal, que sus elegidos están haciendo la tarea en el Congreso. ¡Qué desastre!

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