Cuando se hace una revelación noticiosa o se analiza un
hecho para explicar las diferentes aristas, es frecuente que alguien escriba el
siguiente comentario: «
eso ya se
sabía».
Puede ser una frase que apunta a un complejo de
superioridad informativa, en el cual, el autor presume de estar
perfectamente informado y ser el poseedor de conocimientos, datos y comprensión
de los hechos muy por encima de los demás mortales.
Pero cuidado, porque la otra opción para blandir esa
frase resulta mucho más inquietante: intentan restarle importancia a un asunto
determinado, sugiriendo que el hecho analizado o informado es simple reciclaje
de algo que ya fue diseccionado hasta la saciedad. Si algo ya se conoce, ¿para
qué verlo o leerlo? ¡No tendría sentido!
Ese es el
mensaje
subyacente y es, a la postre, una señal de advertencia sobre la inutilidad
de lo que se está diciendo. Justamente, esa frase ha vuelto a aparecer ante las
declaraciones en el Congreso del director del Dapre, Carlos Ríos Puerta, quien
aseguró que han detectado por lo menos
48 contratos en
la Presidencia de mujeres destinadas a complacer las depravaciones del ex
del M-19.
Según Ríos, por medio de órdenes de prestación de
servicios —OPS— ellas eran amarradas e «instrumentalizadas» para parrandear en
la Casa de Nariño, en una bacanal permanente que buscaba satisfacer los
caprichos del degenerado que desgobernó desde 2022.
Aunque para el petrismo, la denuncia resulta difícil de
negar, pues son ampliamente conocidas las imágenes de jóvenes mujeres abrazadas
y al servicio del mandamás, han recurrido al expediente de exigir la
publicación de las pruebas. Además, en un esfuerzo descomunal, han intentado
restarle méritos a la denuncia calificándola como un simple rumor de cocina que,
según ellos, busca ocultar la «desaparición» de las donaciones en la fundación
de la primera dama.
En su desespero, los feligreses de la secta petrista no
se han enterado del
informe
entregado por la primera dama sobre los recursos recibidos y la destinación
de cada peso recaudado. Al final, eso no les importará, pues es tal la angustia
que padecen, que cuando encuentren el documento, tendrán una coma para criticar, o un
peso que no aparece debidamente sustentado o cosas por el estilo.
Como las acciones desesperadas y reactivas no les
funcionan, entonces entra en operación el plan B: aceptar que existieron los
hechos, pero restarles importancia porque eso ya se sabía.
Es necesario diferenciar lo que se sabe de lo que se sospecha.
Para algunos incautos, saber y sospechar son sinónimos. Están equivocados. Una
cosa era ver a Juliana Guerrero ejerciendo un poder desmesurado, o a Gabriela
Muñoz como patrona de la Aerocivil, y otra muy distinta es saber que existen las
evidencias contractuales y testimoniales de mujeres que decidieron prostituirse en la Casa de
Nariño por una OPS.
Si en un tiempo, alguien decide reeditar la denuncia de
Ríos Puerta, pues ahí sí cabría la manida frase de «eso ya se sabía», pero hoy,
a los señalamientos del director del Dapre se suman las declaraciones
tenebrosas de Angie Rodríguez sobre las aberraciones sexuales del ex del M-19,
incluyendo relaciones íntimas con menores de edad y consumo de tusi, que vienen
a confirmar algunos apartes de las cartas de Álvaro Leyva sobre las conductas
depravadas que eran habituales durante el desgobierno anterior.
Algunos, exasperados por la avalancha de hechos,
reclamarán la privacidad a la que tiene derecho el ex del M-19. Sin embargo, el
abuso de poder ejercido por el mandamás y su séquito de pervertidos sobre por
lo menos 48 mujeres y la intoxicación constante y evidente del intergaláctico para
regir los destinos de la nación, superan con creces el ámbito del derecho a la
vida privada de un individuo.
Lo anterior resultaría tan absurdo como si alias Tornillo
o Garavito reclamaran su derecho a la privacidad por los delitos sexuales que
cometieron en sus largas trayectorias delictivas. Un criminal no puede tener
expectativas de privacidad y lo cierto es que los hechos que ocurrieron en la Casa de Nariño son, indudablemente, crímenes aberrantes que reclaman
justicia.
Entonces, todo lo que se ha dicho en los últimos días NO
se sabía, se sospechaba y está llegando el momento de las pruebas que
convierten dichas sospechas en realidades mediáticas y prontamente
judiciales.
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