EL HARÉN DE PETRO: «ESO SE SABÍA»


 

Por Jaime Restrepo Vásquez

 
Cuando se hace una revelación noticiosa o se analiza un hecho para explicar las diferentes aristas, es frecuente que alguien escriba el siguiente comentario: «eso ya se sabía».
 
Puede ser una frase que apunta a un complejo de superioridad informativa, en el cual, el autor presume de estar perfectamente informado y ser el poseedor de conocimientos, datos y comprensión de los hechos muy por encima de los demás mortales.
 
Pero cuidado, porque la otra opción para blandir esa frase resulta mucho más inquietante: intentan restarle importancia a un asunto determinado, sugiriendo que el hecho analizado o informado es simple reciclaje de algo que ya fue diseccionado hasta la saciedad. Si algo ya se conoce, ¿para qué verlo o leerlo? ¡No tendría sentido!
 
Ese es el mensaje subyacente y es, a la postre, una señal de advertencia sobre la inutilidad de lo que se está diciendo. Justamente, esa frase ha vuelto a aparecer ante las declaraciones en el Congreso del director del Dapre, Carlos Ríos Puerta, quien aseguró que han detectado por lo menos 48 contratos en la Presidencia de mujeres destinadas a complacer las depravaciones del ex del M-19.
 
Según Ríos, por medio de órdenes de prestación de servicios —OPS— ellas eran amarradas e «instrumentalizadas» para parrandear en la Casa de Nariño, en una bacanal permanente que buscaba satisfacer los caprichos del degenerado que desgobernó desde 2022.
 
Aunque para el petrismo, la denuncia resulta difícil de negar, pues son ampliamente conocidas las imágenes de jóvenes mujeres abrazadas y al servicio del mandamás, han recurrido al expediente de exigir la publicación de las pruebas. Además, en un esfuerzo descomunal, han intentado restarle méritos a la denuncia calificándola como un simple rumor de cocina que, según ellos, busca ocultar la «desaparición» de las donaciones en la fundación de la primera dama.
 
En su desespero, los feligreses de la secta petrista no se han enterado del informe entregado por la primera dama sobre los recursos recibidos y la destinación de cada peso recaudado. Al final, eso no les importará, pues es tal la angustia que padecen, que cuando encuentren el documento, tendrán una coma para criticar, o un peso que no aparece debidamente sustentado o cosas por el estilo. 
 
Como las acciones desesperadas y reactivas no les funcionan, entonces entra en operación el plan B: aceptar que existieron los hechos, pero restarles importancia porque eso ya se sabía.
 
Es necesario diferenciar lo que se sabe de lo que se sospecha. Para algunos incautos, saber y sospechar son sinónimos. Están equivocados. Una cosa era ver a Juliana Guerrero ejerciendo un poder desmesurado, o a Gabriela Muñoz como patrona de la Aerocivil, y otra muy distinta es saber que existen las evidencias contractuales y testimoniales de mujeres que decidieron prostituirse en la Casa de Nariño por una OPS.
 
Si en un tiempo, alguien decide reeditar la denuncia de Ríos Puerta, pues ahí sí cabría la manida frase de «eso ya se sabía», pero hoy, a los señalamientos del director del Dapre se suman las declaraciones tenebrosas de Angie Rodríguez sobre las aberraciones sexuales del ex del M-19, incluyendo relaciones íntimas con menores de edad y consumo de tusi, que vienen a confirmar algunos apartes de las cartas de Álvaro Leyva sobre las conductas depravadas que eran habituales durante el desgobierno anterior.
 
Algunos, exasperados por la avalancha de hechos, reclamarán la privacidad a la que tiene derecho el ex del M-19. Sin embargo, el abuso de poder ejercido por el mandamás y su séquito de pervertidos sobre por lo menos 48 mujeres y la intoxicación constante y evidente del intergaláctico para regir los destinos de la nación, superan con creces el ámbito del derecho a la vida privada de un individuo.
 
Lo anterior resultaría tan absurdo como si alias Tornillo o Garavito reclamaran su derecho a la privacidad por los delitos sexuales que cometieron en sus largas trayectorias delictivas. Un criminal no puede tener expectativas de privacidad y lo cierto es que los hechos que ocurrieron en la Casa de Nariño son, indudablemente, crímenes aberrantes que reclaman justicia.
 
Entonces, todo lo que se ha dicho en los últimos días NO se sabía, se sospechaba y está llegando el momento de las pruebas que convierten dichas sospechas en realidades mediáticas y prontamente judiciales.

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