COLOMBIA NO ES LA MISMA DEL «ESTALLIDO SOCIAL» 2019-2021


Por DH. Rodríguez Beltrán

Antes de la debacle de perder la primera vuelta presidencial, por exceso de confianza en el poder intimidatorio del crimen que les hacía creer en una victoria incuestionable, la izquierda amenazó con el apocalipsis. 

Los estallidos sociales ni son estallidos ni son sociales. Son operaciones de desestabilización programadas, no necesariamente para la toma inmediata del poder, sino para copar espacios políticos que les obtengan ventajas en financiamiento y mantenimiento de una constante sensación de caos que depare en un ambiguo futuro triunfo de la revolución. Constreñir es el objetivo y se superpone a aplastar.

Francia ahora mismo lo vive. Macron no corre peligro de ser depuesto pero las narco mafias que controlan la masa mahometana y la izquierda inserta en la educación, buscan suspender operaciones policiales e impedir reformas serias al abuso sindical. El final será trillado: Macron claudica y volverán a la tensa calma. 

En los últimos intentos desestabilizadores comparados con los de 2019 a 2021, hubo significativos cambios: 

1. El apoyo mediático hoy disminuyó. Cinco años atrás había transmisiones televisivas y radiales en vivo y la arenga disfrazada de titular «A esta hora se desarrollan marchas 'pacíficas'» era común a todos los medios. En el momento en que iniciaba el terror el titular «ESMAD arremete contra manifestantes», se copiaba y pegaba es todos los medios. Obtuvieron lo que querían: el fin del ESMAD. Nunca quisieron la cabeza de quien los llenaba con patrocinio, Porky, que era su cortina de humo. Sin embargo, el desprestigio tardío de todos los medios derivado de esto, los desestimuló en 2026.

2. El protagonismo de la izquierda plebeya, la elitista sólo les coqueteaba tímidamente, con acceso ilimitado y casi exclusivo al micrófono, sin réplica, creó en capas del imaginario popular un sentimiento de simpatía por aquellos «jóvenes idealistas». 

Ahora, no encuentran nadie que logre convencer de incendiar lo ajeno, sin consecuencias, y camuflarlo como romanticismo revolucionario. Repitamos la palabra: desprestigio. Esta vez, por el mal uso del poder en cuatro años,  no pueden evadirlo. El enriquecimiento exclusivo de los jefes de la plebe no benefició a las bases programadamente resentidas que vieron cómo eran utilizados como peones de sacrificio en estrados judiciales (la verdulera EPA) y desaparecidos cuando llevaron su imbecilidad a niveles Everest al regalarse como voluntarios a la guerrilla que después los ingresó a sus incontables fosas comunes. 

3. Nunca se investigó seriamente quién pagó el vandalismo desde 2019 a 2021. Y aunque no podemos ver el fuego sí podemos ver el humo del mecenazgo narco de las guerrillas, entre otros fuegos con mejor imagen por cubrirse de ONG internacionales. Ahora, la plata se acabó: las ONG pasan problemas financieros desde que les cortaron USAID, las guerrillas sienten el acorralamiento desde que Maduro tuvo su trasteo forzoso a New York y los medios tradicionales están en UCI. 

No cantemos victoria. La izquierda tiene una enorme capacidad de entender cómo revivirse por su carácter dinámico y su camaleónica forma de cambio de principios.  

¿Y qué hacemos?

Primero, finjamos sorpresa: ante la pérdida del poder fueron a hibernar al sistema educativo. Lo de siempre. 

La misión: empezar a pedirles cuentas claras sobre dónde están sus jugosas partidas presupuestales anuales. Se le hizo lo mismo al CRIC y los paralizó, ¿por qué no repetir la fórmula exitosa? 

Además, es necesario insistir en los bajísimos resultados académicos, lo que debe convertirse en otra arma de presión. 

La izquierda nos llena de matarifes propagandísticos y siguen faltando documentales sobre crímenes guerrilleros, series sobre las crueldades del secuestro y de las lunas de miel de las élites con el bandidaje. 

La guerra a muerte con que tanto intimida la izquierda a la burguesía pusilánime para que ceda a sus exigencias de orates, debe desafiarse y aceptar combatirla. El comunista, gavillero como es, teme al que lo enfrenta dedicada y decididamente. 

Falta mucho para ver la derrota y sumisión permanente de esos cafres.

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