Por Mauricio Morales Moreno
Señores de ProAntioquia, les voy a decir esto y se los voy a repetir hasta que lo entiendan por todos los medios y canales de comunicación que existen:
Hacerle un parque a los pobres y a los marihuaneros en el Olaya Herrera no es desarrollo —según datos del DANE, la tasa de desempleo e informalidad en Antioquia ronda el 56%, lo que demuestra que los megaproyectos de espacio público sin vocación productiva no generan el retorno económico directo necesario para sacar a la población de la pobreza monetaria—.
No le metan tanta ideología a esto. Lo que la nación necesita es una explosión masiva de Mipymes exportadoras y contribuyentes: en Colombia, las micro, pequeñas y medianas empresas representan más del 99 % del tejido empresarial y generan cerca del 79 % del empleo nacional según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, pero solo una fracción mínima logra insertarse en cadenas globales de exportación, para jalonar a las clases media y vulnerable.
Dejen el discurso barato y federalicemos esto de una buena vez. Porque una autonomía total es absolutamente urgente, pues Antioquia aporta históricamente cerca del 15 % del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y encabeza el recaudo tributario regional, mientras que la transferencia de recursos desde el poder central mediante el Sistema General de Participaciones sigue condicionada y rezagada frente a las necesidades de infraestructura local.
Y no obliguen a los antioqueños a responder por un acuerdo de impunidad que es ilegítimo, y que se hizo entre criminales. Recuerden que en el plebiscito sobre los acuerdos de paz de 2016, el 62 % de los votantes en Antioquia rechazó lo pactado, marcando una postura mayoritaria en el departamento frente a la justicia transicional y sus marcos penales. Ese debate ya lo perdió la izquierda narco-pedófila y globalista, así que ustedes no insistan en eso. Hay que sanear la gestión y promoción del desarrollo de ideologías y de agendas globales.
Lo que todos necesitamos es plata, dinero, activos, capital. La equidad, la sostenibilidad y la protección al medio ambiente, se pueden organizar después —la evidencia en economía del desarrollo, descrita en teorías como la Curva Ambiental de Kuznets, demuestra que las naciones e industrias requieren primero alcanzar un nivel crítico de acumulación de capital e ingresos per cápita antes de poder financiar de manera efectiva la transición verde y las políticas de bienestar socioambiental—.

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