Por Jaime Restrepo Vásquez
Ver a la sobrina de Piedad Córdoba, la gobernadora del
Chocó, Nubia Carolina Córdoba, reconociendo el trabajo del presidente Abelardo de la Espriella y de su esposa, Ana Lucía Pineda,
demuestra que, incluso en medio de la tragedia, el país comenzó a cambiar.
En Colombia, nos habíamos resignado al sesgo ideológico y doctrinal operado por Petro: si el gobernante local o departamental era de su cuerda, le dispensaba atenciones y cuidados, pero si era opositor, no solo lo abandonaba a su suerte, sino que lo convertía en blanco de sus ataques virulentos y sus disquisiciones disparatadas.
Por lo anterior, desde 2022 era lógico preguntar por la filiación política de alcaldes y gobernadores, pues de eso dependía el giro de recursos por parte del mandamás nacional. En Medellín y Antioquia sabíamos que, a partir de 2024, el gobierno central cerraría el flujo de dinero, obstaculizaría obras e incumpliría promesas, además de citar al departamento, con frecuencia y maldad, como epicentro de todos los males de Colombia.
Pero eso terminó. El presidente De la Espriella no pide el carné de afiliación a determinado partido para apoyar a una ciudad o a un departamento. Si la gobernadora del Chocó es liberal y sobrina de la auxiliadora de las FARC Piedad Córdoba, eso es irrelevante para el nuevo gobierno, pues tiene claro que ella representa a 600 mil colombianos que requieren ayuda urgente para paliar la crisis ocasionada por el terremoto del 10 de agosto.
Ver a la gobernadora feliz y agradecida, estrenando el vehículo todo terreno que en cuestión de horas gestionó la esposa de De la Espriella para atender a las comunidades del Chocó, produce satisfacción y esperanza, pues solo han pasado cinco días desde el terremoto y ya se observan resultados: la mayoría eligió un verdadero liderazgo y eso es lo que se ha presenciado durante esta semana.
No se ha visto al presidente, ni a su vicepresidente, ni mucho menos a los ministros, revisando la filiación política de los alcaldes de Quibdó, Cali, Pereira, Manizales o Quimbaya, porque eso no tiene nada que ver con la atención de las víctimas y damnificados del terremoto.
Lo que ha podido ver el país, es a un equipo gerencial que ha trabajado sin parar durante más de 120 horas, viajando de un lugar a otro, escuchando a la gente y llevando un mensaje de tranquilidad y esperanza. No reconocer el enorme trabajo del presidente y de su gabinete es la evidencia de que en Colombia hay gente muy mezquina, canalla y despreciable, que anhela salir a cobrar cualquier desacierto.
Lo ocurrido con el escándalo de los equipos de rescate extranjeros es la prueba de la escoria que pretende repetir mil veces una mentira para convertirla en verdad, pues resulta evidente que se pusieron de acuerdo para difundir la falacia de que De la Espriella no había permitido el ingreso de rescatistas por prurito ideológico y por improvisación al haberse negado a continuar con el sainete del empalme.
La intención era clara: generar inconformidad en la ciudadanía, pues la gente del común no está obligada a conocer los vericuetos de una operación de respuesta ante una tragedia natural como la que estamos viviendo y espera que la reacción sea inmediata, contundente y suficiente y cree que a más personal moviendo escombros, mayores posibilidades de sobrevivencia.
Pero cuidado, porque la estrategia fue mucho más infame de lo que se cree. El sujeto que seguía dirigiendo la UNGRD en representación de Petro, Javier Pava, restringió la solicitud de equipos de rescate. Luego, con esa decisión tomada con el propósito de socavar a De la Espriella, las malévolas cajas de resonancia del petrismo se aplicaron a fondo en la difusión del asunto, con el propósito de generar un serio problema de imagen al gobierno.
El tema es que, como ocurre con todos los mediocres, la estrategia no les cerró, pues había una carta en la que el individuo impartía la instrucción de impedir la llegada de equipos de socorro internacionales y dicho documento apareció con la firma de Pava, el petrista. Para completar, el sujeto, inmerso en el fundamentalismo comunista, no solo reconoció la autoría, sino que la justificó con temas como la soberanía y otras majaderías inútiles a la hora de contar con verdaderos expertos para salvar la vida de centenares de colombianos.
Cada aparición de De la Espriella en el Chocó o en Cali es una bofetada para el rancio comunismo colombiano, pues el presidente les está enseñando, en sus propios feudos, cómo se gobierna y cómo se debe atender a las comunidades… Que otros sigan añorando los discursos babosos mientras se sumergen en el terror que despierta en ellos el ver a la gente comparando la ineptitud de Petro con el liderazgo efectivo del nuevo presidente.

Comentarios
Publicar un comentario