Por Eduardo Mackenzie
Como nunca antes y con justa razón el expresidente Álvaro Uribe está recibiendo una enorme cantidad de críticas en estos días. Muchas de éstas, las más virulentas, sobre todo las que circulan en las redes sociales, parecen venir de la base de su propio partido, el Centro Democrático. Esas críticas portan una sola idea: Uribe ha perdido la influencia que ejercía en las bases del CD. Y también la perdió en las alturas del CD. El más digno militante del CD, el ex ministro de Justicia y periodista Fernando Londoño Hoyos, le lanzó esto, de frente, a Uribe antier 21 de julio en su programa radial La Hora de la Verdad: “Lo que no entiendo es que a estas horas estemos aliándonos con la persona que estuvo lista a entrar al Palacio de Justicia para asesinar a los magistrados. Ese fue Gustavo Petro. No pudo salir de la cárcel, pero eso era lo que quería. ¿Asociarnos con él? En mi opinión, no presidente”.
En efecto, lo hecho el 20 de julio por Álvaro Uribe y los jefes de su partido, fue, ciertamente, repugnante: los congresistas del CD llegaron al Capitolio con pancartas ofensivas contra el presidente electo Abelardo de la Espriella. La víspera, sin embargo, ellos mismos simulaban apoyarlo. Las pancartas decían: “47 abejas en defensa de Colombia”. Esa metáfora, de apariencia patriótica, es un llamado a la división del campo antipetrista, un llamado a sabotear --como exige la extrema izquierda y el narcotráfico--, al gobierno democráticamente elegido por los colombianos el 26 de junio.
“¿De quién pretenden defender al país?”, se preguntó el noticiero digital Impacto 24-7. (1) La respuesta de ellos y de todo observador equilibrado es: del presidente electo, no del bloque comunista depredador que dirige Gustavo Petro, quien trató de destruir a Colombia durante los 4 años del gobierno que termina el próximo 4 de agosto.
El periodista Luis Carlos Vélez (2) también se mostró preocupado por los mensajes hostiles y sin firma del Centro Democrático contra Abelardo de la Espriella, como el enviado a las 6h18 de la mañana del 22 de julio. “¿Hubo alianza petro-uribista para derrotar a Abelardo de la Espriella en el Congreso?”, preguntó Vélez. Su respuesta: “Las señales no son positivas”.
La cuestión de fondo es ¿por qué el jefe del CD avala esa traición? Según los hechos, por dos razones de corto vuelo: porque decidió otorgarle el título de “partido de gobierno” al CD aunque Paloma Valencia, su candidata, no había ganado la presidencia, y porque al tener 17 senadores, de los 103 senadores en total, quería echarle mano a la presidencia del Senado. Y lo logró, no en franca negociación con otras corrientes y coaliciones sino porque recibió el apoyo del Pacto Histórico (25 senadores). Uribe consiguió así que su pupilo Honorio Enriquez obtuviera ese puesto. Nadie sabe todavía qué precio le exigió el petrismo a Uribe por ese favor. ¿Que el expresidente Gustavo Petro no sea tratado como otro justiciable? Nadie sabe qué otros arreglos existen bajo cuerda ni cuál es el alcance del detestable pacto Uribe-Petro del 20 de julio.
Ese pacto fue una operación bien orquestada, aunque catastrófica para el CD y el uribismo en general. Gabriel Vallejo, director del Centro Democrático envió ese día a los senadores y congresistas del CD una orden: “Urgente todos, por favor no meterse con Petro, no gritar nada, no decir nada, la victoria está en nuestras manos”.
¿El uribismo es un nuevo centrismo?
Así, por orden de Uribe, los parlamentarios del CD inauguraron su primer día en el Capitolio con un acto de autocensura y genuflexión: no pudieron “decir nada” contra el atroz régimen de Petro. Ni hacer al menos un minuto de silencio por el senador Miguel Uribe Turbay, asesinado por un sicario que sigue siendo protegido (no se conoce su nombre ni su paradero) por los órganos del gobierno saliente. Ese comienzo del nuevo parlamentarismo uribista arrasó con la esperanza de las mayorías sobre la emergencia de un bloque de derecha firme y decidido a combatir los planes del “socialismo del siglo XXI” es decir del narco-comunismo actual, en los próximos años. El espectro de un nuevo centrismo dispuesto a todo tipo de juegos con el petrismo apunta en el horizonte.
A pesar de la profusión de equívocos y pseudo explicaciones del expresidente, la ola de descontento no decrece. Y los agitadores del CD reinciden. Entre ellos se destaca un senador elegido este 8 de marzo, Rafael Nieto Loaiza. Desde agosto de 2025 él declara su oposición al Tigre. En mayo pasado, Nieto calumnió a De la Espriella al calificarlo de “abogado de la mafia” (aunque no escribió el nombre, su frase tenía un solo destinatario). Después le exigió a Abelardo que retirara su candidatura para dejar el campo libre a Paloma Valencia (3).
Como el Tigre ganó la primera y la segunda vuelta de la presidencial, Nieto inventó el sofisma de que De la Espriella hizo “gestos de confrontación” y “quiere hacerle daño” al CD, lo que desató la ira de Uribe. Así forjaron la idea de atacar “como abejas” al presidente electo. Empero, Nieto no presentó la menor prueba de que De la Espriella hubiera insinuado siquiera la idea de “hacerle daño” al CD. Y, obstinado, prosigue su trabajo de zapa con otra falacia, idéntica a la que disemina el Pacto Histórico: que Abelardo De la Espriella no debe posesionarse en un cuartel militar porque eso simbolizaría que lo militar dirige lo civil. Tonterías.
El Tigre no propuso eso por capricho sino para rendir un homenaje a la Fuerza Pública, tan humillada por el régimen petrista. Se trata, en realidad, de un desagravio por el valor y el sacrificio de ellos en la lucha de tantos años contra la subversión armada y el narcotráfico. Como el Senado aprobó la idea de trasladar la ceremonia a una guarnición, probablemente del Cauca, departamento martirizado por las FARC, el ELN y las mafias de la droga (4), quedó claro que De la Espriella tomará juramento ante el Congreso, en un edificio militar. Ese matiz todos lo conocen, pero los mamertos, de uno y otro bando, lo ocultan para confundir a sus clientelas.
En un curioso clip que circula en las redes sociales aparece el expresidente Uribe con una docena de miembros del CD. “Estamos comprometidos en la aplicación de la ley”, dice Uribe. “Mi familia y yo hemos sufrido la persecución política y la difamación difícil de reparar. Esta democracia necesita eliminar la persecución política del adversario y comprometerse en el respeto absoluto de la ley”. Esa escena es irrespirable. ¿Por qué Uribe no se aplica esos principios? ¿Por qué no menciona a Petro y Cepeda, sus enemigos más fanáticos que lo hostigan desde hace más de 17 años, valiéndose de pruebas falsas y otras villanías? ¿Cómo puede Uribe equiparar al presidente electo a esos individuos? ¿Por qué trata de impedirle a Abelardo que cree su propio partido como él hizo durante su primera presidencia?
La tesis de “gobernar juntos”
Ante ese panorama desolador, surgió un llamado de algunos influencers: que sea como sea el CD y Defensores de la Patria “necesitan gobernar juntos”. El concepto de Jerome Sanabria es interesante, pero debe ser más preciso. Lo esencial, diría yo, no es “gobernar juntos”. Es tener un programa y unos principios políticos claros. “Gobernar juntos" quizás, si hay acuerdos en torno de esos principios y objetivos estratégicos. Gobernar por gobernar no tiene sentido, o lo tendría, pero el país pagó muy caro ese sofisma. El clientelismo converge siempre en lo mismo: en las bajas maniobras y en pactos traidores.
Si hay algo que sedujo a los electores colombianos desde que Abelardo de la Espriella comenzó su campaña presidencial es que habló de soberanía nacional, de libertad, de seguridad y de derrotar el crimen organizado y sus cómplices ideológicos para que Colombia salga por fin del subdesarrollo. Habló de objetivos precisos, de métodos para alcanzarlos. Habló de principios no negociables. Si el objetivo es “evitar que el comunismo llegue a Colombia”, como simplifica Jerome Sanabria, hay que recordar que la barbarie comunista llegó hace más de 50 años a Colombia, y que en 2022 se apoderó del gobierno durante cuatro años, con los desastrosos resultados que conocemos. Si Jerome cree que lo de Petro fue la llegada a la Casa de Nariño de una corriente distinta, soluble ahora en todo tipo de alianzas, como creen algunos uribistas, verá el refuerzo de esa pesadilla y de la desinformación que la acompaña.
¿Qué contiene la “desobediencia civil pacífica” de Cepeda?
La falta cometida por Álvaro Uribe es grande: entre 2002 y 2010 él vio claro y obró con patriotismo contra ese inmenso enemigo que pone aún hoy en peligro la existencia misma de Colombia. ¿Por qué, Uribe, en lugar de comenzar con un gesto simbólico en favor de un líder de derecha que muestra tener la reciedumbre moral y política para salvar a Colombia, hizo lo contrario, aceptando los votos de Petro en el Senado?
Nada es más detestable que ver a alguien jugar con los principios y con los objetivos proclamados. Enmendar esa falla solo tendría sentido si hay un reconocimiento sincero de ese error. De lo contrario, los colombianos seguiremos en lo mismo, o en algo peor que anuncia Iván Cepeda cuando lanza su frase sobre la “desobediencia civil pacífica”. Esa fórmula oculta un programa muy distinto: erigir un gobierno paralelo, con poderes paralelos, en regiones paralelas y con masas manipulables paralelas, hacia la constitución de un doble poder en las ciudades.
Al mismo tiempo, si Uribe no reconoce la falta cometida el 20 de julio aumentará la amargura de su propio campo y dejará a Defensores de la Patria como la única opción de resistencia contra el petro-cepedismo. ¿Es esa la mejor opción? Es muy temprano para saberlo.
(1).- https://x.com/Impacto24_7/status/2079673519923982605?s=20
(3).- Ver las respuestas de Abelardo de la Espriella a sus enemigos calumniadores: https://www.eltiempo.com/politica/elecciones-colombia-2026/impondre-mano-dura-como-nunca-antes-se-ha-visto-abelardo-de-la-espriella-habla-de-su-candidatura-presidencial-3485383
(4).- Durante los cuatro años del gobierno de Gustavo Petro, en sólo el departamento del Cauca, las bandas ilegales asesinaron a 500 policías y causaron heridas a 2.000 otros uniformados.

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