¡NO A LA CONTINUIDAD!

 


Por Jaime Restrepo Vásquez

Serán los psicólogos y los psiquiatras, o acaso los sociólogos y los antropólogos, los que expliquen el comportamiento de los colombianos que siguen apostando por la continuidad del desastre Petro.

De golpe, ellos dirán que el odio inoculado, la credulidad en las descalificaciones sin fundamento sobre el avance del país antes de Petro y el adoctrinamiento en el que solo les mostraron el escenario de la utopía comunista, son material suficiente para mantener encendida la llama de la revolución en esas pobres almas atormentadas.

Sin embargo, lo anterior resulta insuficiente. Es que uno se pregunta: ¿por qué los petrocepedistas se han tragado entera la retórica neocomunista? ¿Por qué no validan la información, ni consultan, ni buscan contrastar las descalificaciones que lanzan con la realidad que está disponible? Creo que el asunto supera la pereza y llega a un punto de fe ciega en quienes los engañan.

Es imposible creer que alguien quiera la continuidad de un proyecto que ha permitido el incremento en el número de homicidios en Colombia, incluso, rompiendo la tendencia decreciente de los últimos 18 años: ¿quiere votar porque siga aumentando el asesinato de colombianos?

De repente, lo que quiere es la continuidad de las masacres en Colombia, pues la realidad, según Indepaz y el Ministerio de Defensa, es que el número de masacres sigue creciendo y que en solo 2026 se proyecta un aumento entre el 40 y el 50 %. O de pronto, lo que apoya aquel distraído odiador es el incremento de las zonas que está disputando la criminalidad —que aumentaron en un 116 %—, o el aumento del 85 % en el desplazamiento forzado o el crecimiento del 53 % en la producción de coca.

Pero hay un dato en el que hay que profundizar: el de los secuestros. Recordemos que, en 2003, la cifra de secuestrados superaba los dos mil y en 2010, el gobierno Uribe logró una reducción del 90 % en ese delito. Sin embargo, en 2025, Colombia padeció cerca de 700 secuestros con un aumento del 300 %.

¿Será que a los simpatizantes del Pacto Histórico les afecta el secuestro? Recordemos que, para muchos de ellos, ese flagelo es una revancha contra los más ricos creyendo que los obligan a financiar la revolución mediante el pago de los rescates. Entonces, ellos ven el secuestro como una consecuencia lógica y aceptable para garantizar el avance del proyecto comunista.

De otro lado, el petrismo se llena la boca hablando de la desigualdad que quiere combatir con un gobierno progre. Pero los hechos muestran algo muy distinto: Gustavo Petro no redujo la desigualdad con la misma vehemencia que sus predecesores.

De hecho, Uribe y Santos redujeron el índice Gini en un punto por mandato, mientras que Petro, en su mejor momento, logró una reducción de 0,7 puntos, pese a tener el presupuesto más abultado de la historia y a la desigualdad como caballito de batalla. ¿Entonces van a votar para que no se combata la desigualdad con toda la capacidad del Estado?

Aunque los disparates han sido la bandera de Petro, el manejo de la economía ha sido perverso: un déficit superior al 6 %, con un crecimiento económico menos que mediocre que en promedio no supera el 2,6 %, sumado a un endeudamiento del 6,7 % del PIB; implica que, en solo cuatro años, cada uno de los colombianos terminamos más endeudados. ¿Acaso el petrocepedista furibundo quiere endeudar el país hasta que no haya como pagar? Pues sí, porque él cree que la política monetaria es una impresora de billetes y que las deudas no hay que pagarlas.  

Hay que decirlo con claridad: se necesita mucho odio, demasiada ignorancia y una estupidez obscena para querer continuar con la destrucción de Colombia.

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