Por Jaime Restrepo Vásquez
Después del triunfo de Abelardo de la Espriella, el
petrocepedismo emprendió múltiples intentos —todos desesperados— para construir
relatos que le permitan emprender la oposición al nuevo presidente.
El matagatos, el destripador, el que va a quitar los subsidios para los más viejos, el guerrerista… Estas son algunas de las estrategias propagandísticas que pretenden instalar en las mentes débiles e incautas para enfrentar la sequía clientelar y el cierre del acceso abusivo a los recursos públicos.
Pero hay un relato que con las horas cobra mayor fuerza entre las viudas del poder petrocepedista: el de la vulneración de la soberanía nacional, es decir, la injerencia de los Estados Unidos en las recientes elecciones en Colombia.
Según el cuento que vienen armando, el hecho de que Trump y algunos congresistas republicanos hayan expresado públicamente su apoyo a De la Espriella, fue una injerencia en la segunda vuelta presidencial. A la coral de desesperados se unieron las voces de la izquierda radical del partido Demócrata que calificó esos apoyos como una intromisión indebida del gobierno estadounidense.
Resulta que ahora sí se despertó en la izquierda el prurito por la soberanía colombiana, justo cuando el candidato oficialista, el continuista del desastre Iván Cepeda perdió las elecciones. Sabemos que la coherencia no está en el ADN petrocepedista porque no vimos ni una palabra de las plañideras soberanistas frente a la injerencia descarada de Nicolás Maduro y del narcorrégimen chavista en el proceso electoral de 2022.
¿Acaso, por ejemplo, las declaraciones de Diosdado Cabello en 2022 no fueron entonces una injerencia en las elecciones de ese año? Lo peor es que el apoyo de la dictadura al candidato Petro se dio justo después de conocerse el testimonio de Hugo “El Pollo” Carvajal quien ante la justicia española sostuvo que el Cartel de los soles financió la aspiración presidencial de Petro.
Así las cosas, no fueron solo palabras que se las lleva el viento: fueron recursos, dineros oscuros provenientes del narcotráfico los que terminaron patrocinando la campaña de Petro en 2022. Pero quienes hoy braman por la soberanía, callaron en aquel momento, dejando en evidencia la complicidad del narcorrégimen venezolano con quien luego llegaría a la Presidencia.
En este punto, es bueno recordar los 15 mil millones de pesos de los que habló Armando Benedetti, porque el magistrado del TSJ Luis Velázquez Alvaray explicó que los enormes aportes del Cartel de los soles a Gustavo Petro fueron tramitados mediante una triangulación con el Clan Torres en la Costa Atlántica. ¿Entonces qué? ¿Será que 15 mil millones de pesos del narcotráfico no son una violación a la soberanía nacional mientras que unas declaraciones de simpatía sí son una agresión injerencista inaceptable?
En el mundo al revés, resulta que manifestar en redes sociales el respaldo a un candidato es injerencia indebida y violación a la soberanía, pero el apoyo no solo de palabra sino con la narcobilletera abierta es un acto de «solidaridad y dignidad». ¿Es en serio?
El asunto tiene más fondo: ¿Por qué están haciendo tanto escándalo con la soberanía? No se trata de patriotismo exacerbado, sino de la implantación de un relato en las mentes débiles, para utilizarlo en un futuro próximo, cuando los engranajes de la justicia norteamericana finalmente terminen triturando a Gustavo Petro.
Cuando la justicia estadounidense pida en extradición al capo del Pacto Histórico, el petrocepedismo en pleno hará uso del relato de la soberanía para tratar de impedir que el mandamás termine compartiendo celda con el dictador Maduro en el Metropolitan Detention Center en Brooklyn.
En ese momento, ese relato soberanista lo enarbolarán como la consecuencia previsible de la injerencia norteamericana, cuando la realidad será que Petro terminará en una cárcel estadounidense por creerse intocable y pasarse la ley nacional e internacional por el forro, haciendo alianzas políticas y financieras con narcos, terroristas y criminales como el Cartel de los soles, entre otros. Obviamente, de los hechos que ocasionarán la extradición del capo, ellos no hablarán, porque se les acabaría el cuento en un dos por tres.

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