Por Jaime Restrepo Vásquez
¿Le entregaría su información financiera, o la de su empresa, al frente 36 de las FARC de alias Calarcá? ¡Cuidado! No es una pregunta retórica: es lo que puede pasar por la irresponsabilidad y el colegaje de Gustavo Petro con el narcoterrorismo.
Resulta que el nuevo director de la UIAF (Unidad de Información y Análisis Financiero) es el camarada Wilmar Mejía, un oscuro profesor de educación física que terminó siendo jefe de Inteligencia Estratégica en la Dirección Nacional de Inteligencia.
Cuando el país se enteró de las investigaciones que adelantan la Fiscalía y la Procuraduría por las reiteradas menciones del camarada Mejía en los computadores de alias Calarcá, el amigo íntimo de Petro renunció a la DNI, aunque jamás salió del círculo íntimo del presidente, quien solo esperó un par de meses para ascenderlo y ponerlo a cargo de la UIAF.
El nombre de Wilmar Mejía apareció en varias conversaciones y archivos internos del computador del líder narcoterrorista, por lo cual, las investigaciones buscan esclarecer los alcances de la colaboración del ahora director de la UIAF con la estructura de Calarcá. Además, la Fiscalía ha señalado que cuenta con indicios sobre posibles filtraciones de información de inteligencia al capo de las FARC.
¿Qué clase de presidente nombra a un tipo investigado por nexos con el terrorista Calarcá en un cargo en el que tiene acceso a toda la información financiera de los colombianos? La respuesta es aterradora: porque dicha información es un tesoro deseado por cualquier estructura delincuencial ya que podrá definir la cuantía que exigirá en futuros secuestros y extorsiones.
Poner al camarada Mejía al mando de la UIAF solo demuestra el colegaje de Gustavo Petro con las fuerzas narcoterroristas que subsisten en Colombia, esas que ha mimado no solo con la impunidad de la Paz Total sino con las conocidas restricciones a las Fuerzas Armadas. Incluso, el presidente se ha atrevido a entregarles información de inteligencia, publicando mapas y posiciones de las tropas del Ejército que estaban realizando operativos contra el ELN en el Catatumbo.
De hecho, la llegada de Mejía a la UIAF es la cereza en
el pastel para lograr el control del aparato de inteligencia y su politización
ideologizada. Es bueno recordar que, previamente, cuando Petro hizo el
berrinche por Pegasus utilizando información reservada del grupo Egmont,
consiguió sacar a Colombia de la red internacional de unidades de inteligencia
financiera, lo que eliminó la supervisión que hacía dicho grupo de las
actividades de la unidad colombiana. Era solo cuestión de tiempo para
entregarle la UIAF a la criminalidad organizada.
Hace un par de décadas, las FARC lograron acceder a la información financiera de muchos colombianos, infiltrando a sus milicianos en las entidades bancarias. Era claro que tenían los datos precisos de los movimientos financieros y con semejante información, determinaban el «impuesto de guerra» que tenían que pagar los secuestrados.
Rápidamente el Estado encontró las fugas de información, procedió judicialmente contra los infiltrados y subió los niveles de control al restringir el acceso a los datos a la mayoría de funcionarios bancarios.
Como Petro está empeñado en regresar a Colombia a los tiempos más difíciles y violentos, poner al camarada de Calarcá a custodiar la información financiera es una movida que le asegura el apoyo de la agrupación narcoterrorista, pues seguramente Mejía canjeará los datos financieros de víctimas potenciales por presiones electorales en los territorios controlados por el frente 36 de las FARC.
A Petro solo le interesa destruir y poner a los colombianos contra las cuerdas y nadie podrá impedir que Mejía le entregue información a su camarada alias Calarcá, salvo que la Fiscalía actúe con prontitud y ponga al personaje tras las rejas. ¿Será capaz?

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