Por Jaime Restrepo Vásquez
Ejerció como líder de la Gestapo petrista. Convirtió a la Superintendencia de Industria y Comercio en una suerte de policía política diseñada para saltarse las normas, reprimir a la oposición y ejercer el control social de todo aquel que contradijera a Petro.
Cielo Rusinque era la cara visible de un régimen del terror, muy nazi por cierto, que durante meses hizo y deshizo en la Superintendencia. Sin embargo, ese régimen llegó a su fin, por lo menos temporalmente, gracias a la decisión del Consejo de Estado de declarar la nulidad del nombramiento de la funcionaria.
Ella impulsó con dedicación la persecución de algunos de los más relevantes contradictores del presidente. El caso de Naturgas resulta esclarecedor, ya que después de iniciar una investigación contra la compañía Vanti, la SIC realizó una visita de inspección a la Asociación Colombiana del Gas Natural.
En esa visita, los funcionarios de la Superintendencia se atrevieron a retener el celular y despojar del computador personal a Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas. ¿Por qué la saña? Porque la agremiación ha advertido sobre el déficit de gas producido en el país y los sobrecostos que genera la importación del combustible. Eso, para Petro y su Heinrich Müller versión Temu, fue una afrenta que tenían que cobrar en el menor tiempo posible.
El caso de Naturgas no es un hecho aislado. Al contrario: Las tropelías podrían considerarse como parte de la cotidianidad de la entidad encabezada por Cielo Rusinque. Hace algunos días, la Procuraduría formuló pliego de cargos contra 16 funcionarios de la SIC, por las inspecciones realizadas a la Registraduría y a la Cancillería.
Según la Procuraduría, estas actuaciones excedieron las competencias legales de la SIC encabezada por Rusinque, vulnerando derechos fundamentales como la intimidad y el debido proceso, ya que recolectaron datos confidenciales y accedieron a información sensible de la Dirección Nacional del Censo Electoral, lo cual no tenía relación con la investigación sobre la contratación de los pasaportes.
Fue de tal nivel la arbitrariedad de la SIC, que durante la inspección tomaron imágenes forenses de correos electrónicos, computadores y dispositivos móviles personales sin contar con una orden judicial.
Así las cosas, la cabecilla de la Gestapo petrista utilizó a la SIC como una plataforma de persecución y obtención de información de interés para Petro y sus kakistócratas. Que las acciones fueran ilegales, incluyendo el comportamiento de los funcionarios como policía política resulta irrelevante, ya que, pese a las sanciones, la información ya está en poder del régimen.
De hecho, el uso de la SIC como policía política ya había sido previsto por la Ocde, organización que estableció que la Superintendencia debe ser «una entidad libre de control político directo para hacer cumplir las leyes de competencia y con altos estándares de especialidad e idoneidad técnica». En otras palabras: la SIC debería ser tan independiente como el Banco de la República y dicha independencia, ya lo sabemos, le estorba profundamente a Petro.
Finalmente, Cielo Rusinque cayó. Petro creyó que acreditar unos títulos era suficiente para demostrar la idoneidad de su funcionaria. Sin embargo, como siempre, se equivocó: la experiencia no se relaciona con las funciones de la SIC y los títulos que tanto los envanecen no fueron convalidados.
Así las cosas, pese a la pataleta de Petro y Rusinque, la realidad es que los títulos no cumplieron con las condiciones jurídicas establecidas en la ley, así las universidades sean prestigiosas, pues el mérito académico no reemplaza los requisitos legales.
No obstante, Petro debe estar tranquilo: en el asfalto hay muchos petristas que anhelan ese cuarto de hora para desbordar poder y convertirse en serviles obedecedores de las maquinaciones del mandamás. O, de golpe, las modificaciones que hicieron, a las patadas, de los requisitos para ser superintendente de Industria y Comercio, se ajustarán a la hoja de vida de Rusinque. El régimen del terror continuará, por lo menos, hasta el 7 de agosto de 2026.

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