LEVY RINCÓN: EL PODER EN MANOS EQUIVOCADAS


Por Jaime Restrepo Vásquez

Más allá del escándalo desatado por las imágenes conocidas en las últimas horas, en las que el influencer Levy Rincón agrede a un ciudadano, es necesario enfocarse en la soberbia desmedida de quienes ostentan el poder.

Sí, Levy Rincón tiene poder en sus manos. Durante el actual gobierno, el mediocre y vulgar personaje ha aprovechado ese cuarto de hora único al que accedió por sus inexistentes méritos y por su membresía al club de aduladores y zalameros de Petro.

De hecho, la obediencia ciega, la sumisión extrema y la pobreza intelectual —además de alguna anotación judicial o de un extenso prontuario delictivo— son requisitos fundamentales para tener un programa de televisión en RTVC, o ser ministro o embajador.

Esa actitud desafiante de Rincón es común en aquellos que muy en el fondo reconocen su mediocridad y su pequeñez, pero ya con algo de poder en sus manos, se perciben como señores intocables e impunes. El mismo personaje que hace algunos meses decidió increpar y agredir a Ingrid Betancourt y a John Frank Pinchao, recibiendo una respuesta viril a su atrevimiento, es el mismo que hoy protagoniza el nuevo capítulo de «usted no sabe quién soy yo».

Sin embargo, en este país de la ingeniería social que copia las formas y el fondo del nazismo, no podemos dejar de preguntarnos si la aparición del video del matoncito es parte de una estrategia propagandística o una casualidad.

¿Por qué sale el video justo en este momento? Aventuremos algunas explicaciones. Una de las posibilidades es que el aparato de propaganda hubiera decidido distraer aún más al país de los graves problemas generados por Petro, a menos de 24 horas de las elecciones legislativas, pues en las calles y en las redes sociales, el tema central tiene que ver con el desastroso gobierno Petro y sus implicaciones en la vida de los colombianos. Así, un escándalo de esa farándula vulgar y primitiva puede ser una cortina de humo importante para el desgobierno de turno.

De otro lado, es posible que, a través de esta táctica, el petrismo intente desesperadamente posicionar a los influenciadores mediocres, livianos y diminutos como paradigmas que sus huestes pueden admirar e imitar, y como hay varios de esos personajes que irán a hacer el ridículo en el Congreso —si ganan—, entonces, nada mejor que un empujón por parte del galopín de Levy Rincón para posicionar a los bodegueros como opciones para conservar el poder.

Otra intención del petrismo podría ser que, después del ridículo monumental de Petro en el funeral de Jessie Jackson, el aparato de propaganda presidencial decidiera desviar la atención con un peón al que puede sacrificar en el altar de la propaganda.

Pero cuidado, que el asunto fundamental tiene que ver con la alevosía del personaje, con esa suficiencia insustentable que lo hace sentir intocable. De hecho, Levy Rincón es lo más parecido a los nuevos ricos a quienes se les aparece un billete de lotería ganador —así haya sido fraudulento como Petro— y se perciben como dueños del mundo. A esos levantados, como los contratistas como Rincón que no conseguirían ni una mención por cuenta de su irrelevancia mental, académica y emocional, solo les queda aferrarse al poder que se ganaron en una rifa y que aspiran a conservar hasta 2030.

Mañana, cuando usted vote, piense si quiere más gente como Levy Rincón en el Congreso —gente vacía como Susana Boreal, Álex Flórez, Alfredo Mondragón, Mafe Carrascal, etc.— o si anhela debates serios y argumentados y personas que verdaderamente conozcan al país y tengan claras las soluciones al desastre Petro y a las problemáticas que enfrenta Colombia.

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