Por Jaime Restrepo Vásquez
Muchos se sorprendieron con la pirueta de Daniel Quintero Calle de tratar de endosarle a su mujer la candidatura presidencial cuando las encuestas muestran que el imputado exalcalde no tiene ninguna posibilidad de llegar a la Casa de Nariño.
El escándalo del falso aval presidencial a Diana Osorio —candidato para el oso del milenio— es solo la punta del iceberg. El quinterismo quiere generar todo el ruido posible y mantenerse en la mente de la ciudadanía de cara a las elecciones regionales de 2027. De hecho, son las primeras puntadas de una campaña desgastante y llena de maledicencia, que es la forma habitual de hacer política por parte del capo de los Alpujarros.
No se deje engañar: Daniel Quintero Calle y su famiempresa de corrupción no tienen la mira puesta en las presidenciales. Lo de ellos es más parroquial y han puesto el ojo en las elecciones regionales de 2027 en las que ven una oportunidad para regresar a la Alcaldía de Medellín.
La gente, en coro, gritará que es una locura, que Quintero Calle y su mujer, Diana Osorio, son personajes repudiados en Medellín. Eso es cierto, pero hay factores que seguramente ya consideraron para que el objetivo de volver al piso 12 no sea un disparate.
De un lado, el Centro Democrático viene impulsando a dos líderes importantes y que cuentan con el reconocimiento de la ciudadanía: Sebastián López y Claudia Carrasquilla. A ambos los vemos muy juiciosos haciendo la tarea y seguramente aspiran a recibir el guiño de Uribe para la candidatura a la Alcaldía de Medellín. Sin embargo, hubo una señal muy clara en el Centro Democrático que puede comenzar a desinflar la aspiración de López: la exclusión de su primo, Santiago Valencia, de la lista al Senado del partido de Uribe.
Así las cosas, en lo que al Centro Democrático se refiere, alguno de los dos, López o Carrasquilla, aparecerá en el tarjetón. Sin embargo, Federico Gutiérrez quiere hacer su propia apuesta y seguramente impulsará la candidatura de Andrés Tobón o la de Alejandro de Bedout para la Alcaldía. Es seguro que uno de ellos competirá por Creemos en 2027.
Pero cuidado, porque no hay cama pa tanta gente. Ciertamente, Fico Gutiérrez obtuvo una votación extraordinaria en las regionales de 2023, resultado de los tiempos difíciles en los que nos metieron Quintero Calle y su banda de hampones. Pero en las próximas regionales habrán pasado casi cuatro años y la ciudad, en lo fundamental, vive un ambiente de estabilización. En otras palabras: serán unas elecciones en tiempos normales y eso cambia completamente el pensamiento del elector.
Lo que se ve en el horizonte es que la terquedad de Uribe y de Fico podría llevar, otra vez, a dividir el voto antiprogre, es decir, a beneficiar a Quintero y a sus esbirros.
Esto ya pasó. ¿Se acuerdan de Alfredo Ramos Maya compitiendo por la Alcaldía contra el representante de Federico Gutiérrez, Santiago Gómez Barrera? En ese proceso, se dice que incluso algunos liderazgos del Centro Democrático se deslizaron hacia el candidato de Fico y ese escenario permitió que Daniel Quintero Calle llegara a la Alcaldía de Medellín.
Las cuentas son claras: Ramos obtuvo 235 mil votos, Santiago Gómez logró 95 mil, mientras que Quintero Calle llegó con 304 mil. Esto significa que, sin división, muy seguramente se hubiese logrado evitar la llegada del hampón con cerca de 330 mil votos.
La situación actual es que el Centro Democrático y el partido de Fico están tomando caminos distintos y esa división se reeditaría en 2027, cuando ambos decidan dividir el voto y por esa grieta, seguramente Quintero Calle ve la posibilidad de regresar a la Alcaldía, esta vez en cuerpo ajeno: en el de Diana Osorio.
Seamos claros: lo que se ve hoy es que los egos y las malas decisiones están apuntalando el fortalecimiento de los hampones, ansiosos de retomar el asalto al erario medellinense. Ambos, Uribe y Fico, se ven como gladiadores invencibles, tal y como ocurrió en 2019. ¿Será que semejante golpe no les sirvió para entender que divididos nos atracan otra vez?
A Quintero no le importa gobernar a través de su cónyuge. De hecho, si no le ha importado pasar del Partido Conservador en 2007 al Partido Verde en 2011 o al Partido del Tomate en 2013 o al Partido Liberal en 2019, o al Partido Comunista y AICO en estas elecciones, ¡qué le va a importar convertirse en el poder a la sombra!
Entonces, si usted se pregunta por qué Daniel Quintero sigue haciendo bulla en redes sociales, la respuesta es alarmante: porque quiere y ve posibilidades de recuperar la Alcaldía de Medellín a través de la persona que más confianza le despierta: Diana Osorio.
Parece un déjà vu, en el que se cambian los apellidos Gómez por el Tobón o el De Bedout y el de Ramos por Carrasquilla o López. La amenaza está clara y por esa enorme grieta se deslizaría Quintero Calle, con su mujer como carne de cañón.
Si Uribe y Fico no acuerdan un proceso de unificación en sus
movimientos netamente caudillistas y si el narcisismo no los deja ver el bosque, Medellín tendrá a la mujer de Quintero en el piso 12. ¡Maldición!

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