Por José Obdulio Gaviria
(Comentarios al artículo de La Silla Vacía: “Mención de Iván Cepeda en computador de las FARC no fue un montaje”) lasillavacia.com/silla-nacional
1.Las FARC secuestraron a miles de colombianos durante décadas, incluyendo congresistas, empresarios, militares, policías y civiles de todas las condiciones.
2.En 2008 mantenían en la selva a cientos de rehenes de alto perfil y exigían un intercambio por 500 guerrilleros presos.
3.A esa exigencia la llamaron ¡Acuerdo Humanitario, ya! y lograron poner a la cabeza de una gran presión nacional e internacional a figuras como Iván Cepeda, Ernesto Samper, Alfonso López Michelsen y Álvaro Leyva y a amigos de las FARC en el mundo.
4.El gobierno de Álvaro Uribe nunca se amilanó y buscó la libertad de los secuestrados por la vía constitucional (militar, de policía e inteligencia).
5.Ejemplos claros: el bombardeo que dio de baja a Raúl Reyes (Operación Fénix, marzo 2008) y la Operación Jaque que liberó a Ingrid Betancourt y sus compañeros (julio 2008).
6.En ese contexto surgió la Marcha del 4 de febrero de 2008, conocida como “Un millón de voces contra las FARC” o “No más FARC”.
7.Fue la movilización ciudadana más grande de la historia de Colombia y una de las más importantes en América Latina contra una guerrilla.
8.Se estima que participaron entre 4 y 12 millones de personas en Colombia (Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, entre otras ciudades) y en más de 130 ciudades del mundo (Miami, Madrid, París, Londres, Nueva York, Buenos Aires, etc.).
9.Surgió de manera espontánea en redes sociales (sobre todo Facebook), impulsada por ciudadanos anónimos hartos del secuestro, el terrorismo y la violencia de las FARC.
10.El detonante fue el video de prueba de vida de Ingrid Betancourt y otros secuestrados (enero 2008), que mostró el deterioro físico de los rehenes y generó indignación masiva.
11.El autor de estos comentarios (asesor presidencial de Álvaro Uribe) fue uno de los promotores y voceros desde el gobierno: dio entrevistas radiales y televisivas llamando a la marcha y definiéndola como “un grito de dignidad nacional contra el terrorismo”.
12.No fue una convocatoria oficial del gobierno, aunque contó con respaldo implícito de Uribe y su equipo. Los lemas principales fueron:
“No más FARC”
“Libertad para los secuestrados”
“Colombia soy yo”
“Basta ya de secuestros”
“No más mentiras, no más muertes, no más FARC!”
13.Fue una marcha cívica, apartidista en su origen, con participación masiva de ciudadanos de todos los estratos, edades y profesiones. Predominaron banderas colombianas, camisetas blancas, globos amarillos y consignas pacíficas.
14.Mensaje central: rechazo al secuestro y al terrorismo de las FARC; exigencia de liberación inmediata de todos los rehenes (Ingrid Betancourt, militares, policías, civiles); condena al uso de la violencia como método político; apoyo implícito a la política de seguridad de Uribe (mano firme contra la guerrilla).
15.Fue un golpe político y moral muy fuerte a las FARC: mostró que la guerrilla había perdido legitimidad social y que la sociedad colombiana rechazaba masivamente su accionar (el artículo de La Silla Vacía lo refleja indirectamente).
16.Marcó un punto de inflexión: fortaleció la política de Seguridad Democrática de Uribe y debilitó la narrativa de “conflicto armado simétrico” que algunos sectores defendían.
17.Provocó la respuesta de las FARC y aliados: Alfonso Cano ordenó a Raúl Reyes (en correo de febrero/marzo 2008, verificado en los archivos de Reyes) apoyar la marcha del 6 de marzo (por víctimas del paramilitarismo, convocada por Iván Cepeda y Movice) para “opacar” la del 4 de febrero y contrarrestar su impacto.
Cita textual del correo de Alfonso Cano a Raúl Reyes:
“Camarada Raúl: Hay que apoyar la marcha que está organizando Iván Cepeda y su fundación de víctimas para que opaque la marcha contra las FARC que hizo José Obdulio [Gaviria]. Eso nos permite desviar la atención y mostrar que hay víctimas de todos los lados.”
18. La marcha del 4 de febrero de 2008 sigue siendo un hito de la resistencia civil colombiana contra el terrorismo y un símbolo de cómo la sociedad civil puede marcar la agenda política.

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