LA LADILLA QUINTERO

 


 Por Jaime Restrepo Vásquez

 

En el argot popular, una ladilla es alguien difícil de quitar, muy similar al parásito físico del que viene el nombre. A Daniel Quintero Calle también le cabe otro apelativo muy utilizado en las zonas rurales de Colombia: es una pepa de mamoncillo, difícil de tragar y muy difícil de expulsar.

Son más de 700 denuncias en la Fiscalía y en los organismos de control, y ni Medellín ni Colombia han podido expulsar de su vida política, social y económica a la ladilla del imputado exalcalde de Medellín.

De hecho, el CNE resucitó al cadáver político Daniel Quintero Calle, así que, por lo pronto, y hasta el 8 de marzo, los colombianos tendremos que soportar al hampón, haciendo cuanta payasada se le ocurra y opinando sobre lo divino y lo humano.

¡Un tipo que lideró una banda criminal que tiene a 51 miembros o en la cárcel o en tránsito para llegar a ella, nuevamente es proclamado como precandidato presidencial! El colmo.

Es una vergüenza institucional y democrática para Colombia el hecho de que aparezca en el tarjetón un sujeto que actualmente está siendo procesado por corrupción, pues incluso el próximo viernes tendrá lugar la audiencia de acusación en la cual, la Fiscalía formalizará los cargos. ¡Eso no es democracia, es vagabundería!

Así las cosas, mientras el viernes 13 de febrero se inicia formalmente el juicio contra Quintero, el individuo podrá seguir vendiendo humo en las redes sociales y mintiendo sobre una inexistente persecución política en su contra. La realidad es que él y su combo de delincuentes y degenerados—a quienes bauticé hace casi cuatro años como Los Alpujarros— asaltaron a Medellín, desfalcaron el erario y ejecutaron las peores prácticas depravadas y corruptas en la ciudad.

Lo que demuestra la precandidatura de Quintero es que el aparato judicial es lento e ineficiente y que nuestras instituciones son débiles y permeables a las presiones y poderes económicos y políticos, esos que respaldaron con entusiasmo la llegada de semejante hampón a la Alcaldía de Medellín. Detrás de Quintero estaban César Gaviria y Juan Manuel Santos, además de personajes de segundo nivel como David Luna que consiguió para una de sus copartidarias, un cargo de primer orden en la ciudad.

Es que, además de la corrupción que lideró, Quintero Calle está acusado de acceso carnal violento y agravado contra una voluntaria de su campaña a la Alcaldía y de ser el anfitrión de verdaderas bacanales en un penthouse conocido como La Piscina, en la comuna de El Poblado: ¿de dónde salía el dinero para pagar más de cuatro millones de pesos por noche que costaba —en plena pandemia— el alquiler del inmueble?

Pero el asunto no para ahí. En 2021 se conoció el direccionamiento de contratos a empresas cercanas a su círculo político para el mantenimiento de zonas verdes, finalizando el acuerdo con el Jardín Botánico y entregándoselo a una empresa —Reforestadora El Líbano— que terminó por convertir a Medellín en una jungla, gracias a la ausencia de mantenimiento de jardines, corredores viales y zonas boscosas de la ciudad. Toda esa platica se perdió.

De igual forma, Quintero Calle fue sancionado por participación indebida en política, pues como todo rufián, siempre ha creído estar por encima de la ley. Es que el precandidato es tan descarado, que incluso utilizó la caja menor asignada al despacho del alcalde —Fondos Fijos Reembolsables— para comprar licor, hacer mercado y comer en los restaurantes más costosos de Medellín. De hecho, en los mentideros políticos se rumora que el hampón Quintero pudo haber financiado, con recursos de la ciudad, la campaña de Gustavo Petro. 

Por todo lo anterior, en el aparato judicial se viene estableciendo una etiqueta para referirse a lo ocurrido en la ciudad durante el desastre Quintero: se trata del macrocaso de corrupción en Medellín, en el que vienen analizando la sistematicidad en la comisión de delitos como peculado, prevaricato, direccionamiento de contratos, corrupción administrativa y favorecimiento indebido.

El macrocaso no solo involucra al resucitado precandidato Quintero Calle, sino que incluye al hermano del entonces alcalde, Miguel Quintero Calle y a 51 exfuncionarios de la banda de Los Alpujarros que ya fueron imputados formalmente.

¿Cómo explicarle a un ciudadano desprevenido o al mundo, que un hampón con semejante prontuario puede someter su nombre a consideración de los electores y recibir financiación de corruptos megacontratistas como el clan Torres? 

El único sitio en el que debe aparecer una foto de Daniel Quintero Calle es en la reseña que hagan de él cuando llegue a la cárcel. ¡Qué ladilla tan fastidiosa!

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