Por Jaime Restrepo Vásquez
La campaña de Iván Cepeda responde a los paradigmas de esos
regímenes comunistas con partido único en los cuales, las propuestas no existen
y la victimización es el pan de cada día.
Esta semana, Cepeda se victimizó —¡otra vez! — por cuenta de
las denuncias que se vienen publicando sobre sus vínculos con el
narcoterrorismo. Según Cepeda, lo que apareció en los computadores de alias
Raúl Reyes fue un montaje para enlodarlo. ¡Caramba! Tuvo casi dos décadas para
desmontar el entramado y no lo hizo… ¿Por qué sería?
La realidad es que el informe
de Interpol precisó que los archivos de esos computadores estaban intactos
y que no fueron alterados y, por tal razón, era la justicia la que debía
aceptar o rechazar esos documentos, como efectivamente ocurrió, cuando el
Cartel de la Toga se empeñó a fondo para excluir esas pruebas que iniciarían con
furor la farcpolítica, con Cepeda involucrado de cabo a rabo.
Así las cosas, la denuncia que interpuso ante la CIDH por
persecución política —porque denunciar a diestra y siniestra es lo único que
sabe hacer el candidato comunista— es una operación desesperada para
victimizarse.
Dice Cepeda que «hay una campaña publicitaria desplegada en
su contra para difundir información falsa en los medios de comunicación y redes
sociales». Comencemos por lo evidente: la campaña más sucia en la historia
reciente del país la iniciaron los copartidarios de Cepeda al asesinar a Miguel
Uribe Turbay.
Tratar ahora de deslindarse de sus vínculos históricos con las
FARC resulta imposible a la luz del descaro
exhibido durante décadas por el ahora «flamante» candidato del Pacto
Histórico: además de los archivos de “Raúl Reyes”, las órdenes impartidas por
Cepeda a «sus guerrilleros», la defensa a ultranza de los factores de violencia
de la izquierda, su participación como arquitecto de la fracasada y sangrienta
política de Paz Total y sus apariciones en Colombia con los líderesnarcoterroristas cuyas organizaciones ejecutaron el asesinato de Uribe Turbay
no son inventos, ni cuentos, ni información falsa… ¡son hechos!
De igual forma, resulta evidente que Cepeda está aterrado
con la posibilidad de judicialización en los Estados Unidos, en donde la
justicia no se acomodará para garantizarle la impunidad después de aparecer en
los computadores de alias Raúl Reyes. De hecho, el informe pericial de Interpol
podría ser aceptado por una corte federal en los Estados Unidos y eso tiene
temblando al candidato.
Seamos claros: Cepeda es un mal candidato, de esos que no despierta
absolutamente ninguna emoción en el electorado. Él es candidato, no por sus
propuestas —que no las tiene, ni por sus logros —inexistentes, salvo la manipulación
de la justicia— sino por la promesa de perpetuar el modelo absurdo de Petro en
Colombia. Eso entusiasma a sus huestes que lo ven como la continuidad y también
como un luchador revolucionario de barba y hedor de alcantarilla y cuyos
vínculos con las FARC lo validan —no lo descalifican— ante ese electorado
adoctrinado y fundamentalista.
Es más: Cepeda no se despega de esos eslóganes que le fueron
útiles a la izquierda en 2021 y 2022, y por eso, en cada discurso y documento, invoca
el mantra Uribe para tratar de despertar el odio que impulsó a la caterva
petrista a la Presidencia.
Finalmente, resulta interesante que el Colectivo Alvear
Restrepo obre como defensora del candidato, porque cliente y apoderado deberían
aprovechar la oportunidad para explicar la participación de Cepeda y de su
famiempresa Movice en el complejo tema de las falsas
víctimas de la masacre de Mapiripán, proceso que lideró el tal colectivo de
abogados.
Por supuesto, Cepeda dirá que ese es otro montaje, pero no
podrá esquivar el asunto de Mapiripán, que ya cuenta con sentencias judiciales.
También intentará silenciar las denuncias, que a él le parecen ilegales, cuando
en verdad lo que se está diciendo ha sido documentado y está a disposición de
todos los colombianos.
Cepeda está desesperado: llegó al techo en las encuestas, solo
sabe leer discursos e invocar a Uribe y eso, hoy por hoy, ya no funciona.

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