¿QUÉ SIGUE EN VENEZUELA?

 


Por Jaime Restrepo Vásquez

La captura del narcodictador Maduro es solo el preámbulo de las horas más difíciles para Venezuela. Esto hasta ahora está comenzando. Es el tiempo de la fe y de la esperanza, y, sobre todo, de no caer en triunfalismos banales, porque hasta el momento, nadie ha ganado nada.

El Cartel de los soles sigue vivo, porque es una culebra que perdió la cabeza, pero el cuerpo sanguinario, corrupto y depravado está intacto: Diosdado Cabello, Padrino López, Tarek William Saab, los hermanitos Rodríguez y tantos otros, aunque estén asustados, escondidos y desesperados, no han sido tocados hasta el momento y su captura o neutralización podría tardar días, semanas e incluso meses.

Mientras esos verdugos de los venezolanos sigan vivos o libres, no será posible conseguir la estabilización de Venezuela, esa que, según Trump, es el propósito del control que ejercerán los Estados Unidos del vecino país. De hecho, las imágenes que se ha podido conocer de lo que ocurre en Caracas, muestran a los colectivos chavistas armados con fusiles y con brazaletes con la bandera venezolana.

Esos colectivos, una de las creaciones más depravadas de Chávez, tendrían tres funciones fundamentales: intimidar a la población venezolana, asesinando a todo aquel que celebre la incursión estadounidense. La segunda, muy posible, es que serían la punta de lanza para tratar de implementar una estrategia de guerra de guerrillas y enfrentar a los soldados norteamericanos ya que los cabecillas del Cartel de los soles —y sus esbirros en todo el mundo— tienen a Vietnam en la cabeza y creen, de seguro, que pueden reeditarlo en Venezuela, pues en sus codiciosos y minúsculos cerebros no entran las nuevas tecnologías ni las aplicaciones militares del siglo XXI.

La tercera función del paramilitarismo chavista sería, posiblemente, la más peligrosa: la activación de células terroristas no solo en Venezuela sino también en el vecindario y en los Estados Unidos. El Tren de Aragua sería la pieza clave en este aspecto, pues cuenta con recursos, presencia de sus terroristas en numerosos países y una enorme capacidad de generar terror a su paso.

Lo grave, además, es que Colombia vive una profunda crisis de su aparato de seguridad y defensa, una demolición que podría ser aprovechada por el paramilitarismo chavista para ejecutar acciones de terror contra detractores del régimen mafioso —opositores colombianos y venezolanos—, mientras el mandamás colombiano seguirá ejerciendo como portavoz del Cartel de los soles y mirará para otro lado cuando el Tren de Aragua, las FARC y el ELN cometan sus acciones demenciales y sangrientas en suelo colombiano.

¿Qué pasará con las FANB? ¿Se sumarán al proceso de estabilización o combatirán contra los norteamericanos? Se sabe que la mayoría de militares no comulgaba con el régimen, pero las variables de presión, intimidación y amenaza por parte del chavismo, no son despreciables.

¿Y si los militares venezolanos se suman a la transición, enfrentarán a los colectivos chavistas? La respuesta a esta pregunta resulta decisiva, pues si esos aparatos represivos son activados como ocurrió en las protestas contra Maduro, sectores como Chacao, Montalbán y La California, además de los barrios populares del oeste de Caracas se convertirían en escenarios de guerra urbana con consecuencias imprevisibles.

Seguramente, lo que para nosotros son preguntas sin respuestas, para el Pentágono y la Casa Blanca son situaciones claras con las que ejecutarán sus siguientes movimientos.

No obstante, el asunto más crítico es el alineamiento del actual gobierno de Colombia con el Cartel de los soles, lo que nos dejaría en la mira de Donald Trump. Esto, porque si la estabilización de Venezuela es rápida, el despliegue norteamericano podría enfilar baterías contra la Casa de Nariño, desafiando a Petro mediante incursiones contra laboratorios y cultivos ilícitos en territorio colombiano.

Ya sabemos que Petro es propietario de un ego galáctico y de un narcisismo que surge de su psicopatía y en tales condiciones, no resultaría extraño que aceptara el desafío e intentara responder con el menguado poder militar colombiano ante la agresión a la «soberanía» que realmente fue pisoteada durante años por narcos, terroristas y criminales de toda laya.

Por lo pronto, no hay mucho qué celebrar. Son las primeras horas de un largo y confuso camino y hay muchos factores, numerosas variables y estrategias difíciles de precisar que entran a jugar en este escenario que se abrió en la madrugada de hoy.

 

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