Por Rafael Nieto Loaiza
Con el rabo entre las patas, Petro buscó a Trump. En Telemundo dijo que su “futuro depende de Trump” y en El País de Madrid que “temía que le ocurriera lo mismo que a Maduro”. Tiembla como un caniche aterrado.
Recordemos que Trump y Maduro hablaron antes de la operación militar norteamericana. El 03 de diciembre pasado, un mes antes de su captura y extracción, Nicolás decía que sus conversaciones habían sido “respetuosas” y "cordiales”. De manera que se equivoca Petro si cree que con la llamada conjura el peligro.
Ayudará que abandone las provocaciones. Fue Petro quien inició la confrontación y ha usado un lenguaje pugnaz y agresivo contra los Estados Unidos, su presidente y su canciller. Por ejemplo, ha afirmado que "el poder político en EE.UU. quedó en manos de los políticos aliados con el paramilitarismo” y que, megáfono en mano en Nueva York, los militares norteamericanos debían sublevarse contra Trump. Su conducta ha sido “hostil”, según el propio Trump.
Me temo que, sin embargo, no será suficiente con que Petro contenga su verborrea. Necesitará cambiar tanto su conducta como las políticas de su gobierno, en particular en materia de narcotráfico. Y, en contra de su íntimo propósito, tendrá que respetar la democracia y entregar el poder el 07 de agosto.
Ha dicho Petro que Trump está mal informado "por la oposición [colombiana] vía la Florida” y que "esa oposición miente sobre [su] lucha contra el narcotráfico”. No es la primera vez que Petro pretende victimizarse y que engaña sobre su relación con el narcotráfico. Muchos han salido, algunos de buena fe y otros por simpatía ideológica, a sostener que Petro nada tiene que ver con los mafiosos. Así que es necesario hacer memoria.
Los vínculos de Petro con los narcos vienen desde que, siendo parte del M19, le financiaran viviendas en el barrio Bolívar 83 en Zipaquirá y Pablo Escobar pagara por el asalto al Palacio de Justicia. En campaña, recibió dinero del Hombre Malboro, Sobrino y Papá Pitufo, y se movilizó en la famosa narcoavioneta. De acuerdo con las confesiones de su hermano, ganó las elecciones por los pactos en las cárceles con los bandidos.
En el Gobierno, suspendió la erradicación manual forzada, pagó asambleas cocaleras, presentó proyectos de ley para legalizar la coca y la cocaína, quiso crear una empresa nacional de coca. Suspendió órdenes de captura y extradiciones, liberó capos capturados, les dio tarima y micrófono en La Alpujarra. Presentó una ley con toda clase de beneficios para los narcos, entre ellos legalizarles parte de su fortuna. Prohibió que militares y policías realizaran “acciones ofensivas” contra los mafiosos, debilitó e infiltró a la Fuerza Pública. Destruyó el sistema nacional de inteligencia y lo puso al servicio de los violentos. Acabó con la cooperación internacional contra el lavado de activos. Nos suspendieron del grupo Egmont. Puso fichas claves de los lavadores de activos en la DIAN. La UIAF dejó de combatir las finanzas de la mafia para convertirse en un aparato de policía política. Trata de sacar cara con las incautaciones pero no dice que son las peores, en términos comparados, en más de dos décadas. En el 2021, equivalían casi a la mitad de lo producido, el 48%. En el 23, fueron casi la cuarta parte, apenas el 28%. Es el peor porcentaje de incautaciones en al menos dos décadas. La coca y la cocaína se dispararon. Hasta diciembre de 2023, los cultivos de coca habían crecido 24% y la producción de cocaína 90%. No tenemos cifras del 2024 porque Petro las está escondiendo y ha impedido que el SIMCI de Naciones Unidas las divulgue. Y el 25 debió ser igual o peor.
Los hechos muestran que, detrás de su palabrería barata, de ser un engaña bobos, Petro, además de sus adicciones, tiene un rabo de paja inmenso. La reunión con Trump puede servir para que en lo que queda de gobierno algo haga para combatir al narcotráfico. Ojalá, además, le adviertan que debe abstenerse de interferir en el proceso electoral y favorecer tramposamente a Cepeda, cuyos vínculos farianos son viejos y que, lo mismo que él, ha beneficiado a la mafia con la excusa de buscar la paz. Recuérdense sus gestiones para liberar a Márquez y Santrich, dos narcos redomados y jefes negociadores de las Farc en La Habana.
Petro no es Maduro ni Colombia es Venezuela. Acá, aunque con problemas y debilidades y a pesar de los intentos de Petro por por socavarlas, funcionan las instituciones. No hay necesidad de una quirúrgica operación norteamericana. Pero Petro tiene un descomunal rabo de paja y el país exige que, al menos estos seis meses, luche contra los narcos.
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